martes, 24 de noviembre de 2009

No me gusta el Otoño

Confieso que no me gusta el Otoño. Es más triste que el Invierno. Las hojas secas abundan dondequiera, en el aire se respira un clima de ansiedad que muchas veces me desespera. Otras veces por más que trato de impedirlo, termina por deprimirme.

“¿Por qué?” es la gran pregunta, me gustaría saber la respuesta. En mi exploración encontré por fin algunas, mi mente es lega en estos asuntos y he tenido que recurrir a mis sentidos. No me gusta el Sol de Otoño porque no calienta. Es sólo una luz cobriza, que baña todo de nostalgia. De pronto veo por la ventana y me encuentro con un paisaje color sepia, como una foto el blanco y negro que se ha oxidado con el tiempo.

También confieso que viví en un pueblo que me trae muchos recuerdos. Muchos de ellos gratos y otros tan tristes como la luz amarilla, casi marrón de los postes de la calle en antaño. Esa luz me recuerda el rancio Otoño. El Otoño es la última estación del año. Podría pensarse que es el Invierno, pero esa no cuenta porque también es la primera del siguiente año. Cada vez que llega el Otoño me veo frente al espejo, y me veo más viejo –en realidad aun no lo soy- sin serlo. Siento que este round que dura un año ya está acabando, todo el cuerpo me duele y no he podido conectar un solo golpe a la vida.

La llegada del Otoño es como cuando cae la tarde-noche mientras voy manejando sobre la carretera en línea recta. En un lugar desconocido y con destino incierto. No tengo idea si mi camino es el bueno, es más, desconozco si mi velocidad es la correcta.

Miro a un lado y miro al otro. Nadie pasa junto a mi, y cuando pasan no se detienen, todos pasan y actúan como si los demás no existieran. Muchas veces me pregunto si yo hago lo mismo sin darme cuenta. Volteo mi vista a mi costado y más me duele que el lugar de copiloto esté vacio. Estiro mi brazo derecho y acaricio el asiento. Me siento incompleto, quizá que me falta algo y mi mano derecha insiste en encontrar ese algo en el asiento. Ella es fuerte, es necia, es como mi voluntad tozuda e inconsciente. Yo sé que no hay nada pero dejo que siga, no quiero destruir sus esperanzas porque también son las mías. A veces la ignoro y me apoyo en la otra mano, la que me mantiene en el camino.

No odio el Otoño. Lo quiero pero lo sufro el Otoño. Me duele, me frustra, me cansa. No sé por qué,… no se cómo.




Pórtense bien, espero de todo corazón que al menos ustedes disfruten del Otoño.

4 comentarios:

Aldo dijo...

Yo disfruto el caer de las hojas a mi alrededor cuando voy caminando, iluminadas con el sol que no calienta como dices. Es un espectáculo agradable. A veces solo o a veces acompañado, depende del humor de uno.

Aunque si es siempre solo, tons puede que sea medio deprimente.

Pero no me gusta que haga frío. Si el otoño fuera un poco más cálido, me gustaría por completo.

Ah, y si toca barrer hojas es una lata.

No me sentía completo sin mi comentario mata-poesía, jajaja.

David Webb dijo...

Hola Aldo:

¿Comentario Mata-poesía? jajaj Al contrario, me gusta tu humor. Si, así dicen un doc que conozco, que se trata de un proceso quimico y los cambios de luz tambien afectan, claro, tampoco eso es regla.

Saludos

reptilio dijo...

ni el otoño ni la navidad!

Anónimo dijo...

Pues estoy contigo a mi me repele el otoño busque en la red a ver si era solo yo porque escucho a todos me encanta el otono porque no es frio ni caliente,pues ese es mi problema me enferma,me entristece ,ese viento extrano me abruma no se pero aunque el frio pica ya quiero que llegue el invierno siento el aura,viento,aire mas puro