Por fin termina el mentado año del Bicentenario o mejor dicho, el año del mentado Bicentenario. Me gustan las fiestas patrias pero esta vez se le pasó la mano al gobierno (no solo al federal). En fin terminó y en parte me alegra.
2010 fue un año paradójico, pasaron tantas cosas y a la vez fue tan veloz que no sentí ni cómo paso. Cuando era niño escuchaba que los mayores decían que el Tiempo pasaba demasiado deprisa, mientras que para mí, un año se me hacia eterno. De pequeño uno tiene ganas de crecer y hacer tantas cosas pero el Tiempo ingrato se aferra a su paciencia. Después uno crece, pasan algunas cosas que uno quiere que duren para toda la vida nuevamente el Tiempo se encarga de estropear la fiesta. En parte a todo eso se debe mi guerra contra el Tiempo.
2010 me hizo conocer el amor, bueno, algo así, en realidad me convencí de que no lo era y por eso decidí terminarlo. No me gusta jugar con el Tiempo y la vida de las personas que quiero. 2010 también regaló muchos amigos y otros tantos conocidos, tantos que creo que hasta soy famoso. Logré convencerme de ciertos asuntos y de otras muchas cosas que al final me di cuenta que la decepción no mata, lo que mata (y atormenta mucho) es la duda. Ahora siempre mato las dudas.
El 2010 fue el año de muchas primeras veces, de experimentos de sondeos y de darme topes con la pared. También me encargué que fuera el año de las últimas veces. A la vez fue un año de mucha holgazanería, tan solo hay que ver lo poco que publiqué y lo poco que comenté en mis blogs favoritos.
En fin, entre lo positivo y lo negativo creo que el saldo es ligeramente mayor a cero, lo cual me deja con un gran desconcierto que me he prometido remediar en este 2011. Tengo la impresión de que solo me dediqué a ver pasar el Tiempo y ahora me digo a mi mismo lo que decía alguna vez el gran Nicolás Alvarado “El Tiempo corre y estás parado sobre la tenue línea que divide a la joven promesa del viejo pendejo”.
Podría parafrasear al Rosigerante con su “año nuevo, entradas nuevas” pero será mejor no hacer promesas y actuar.
Feliz y exitoso año a todos los que me leen y que ingratamente he descuidado. Sin más ni más, os digo: arriba el telón, que el 2011 ha comenzado.
David Webb.
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martes, 4 de enero de 2011
martes, 24 de noviembre de 2009
No me gusta el Otoño
Confieso que no me gusta el Otoño. Es más triste que el Invierno. Las hojas secas abundan dondequiera, en el aire se respira un clima de ansiedad que muchas veces me desespera. Otras veces por más que trato de impedirlo, termina por deprimirme.
“¿Por qué?” es la gran pregunta, me gustaría saber la respuesta. En mi exploración encontré por fin algunas, mi mente es lega en estos asuntos y he tenido que recurrir a mis sentidos. No me gusta el Sol de Otoño porque no calienta. Es sólo una luz cobriza, que baña todo de nostalgia. De pronto veo por la ventana y me encuentro con un paisaje color sepia, como una foto el blanco y negro que se ha oxidado con el tiempo.
También confieso que viví en un pueblo que me trae muchos recuerdos. Muchos de ellos gratos y otros tan tristes como la luz amarilla, casi marrón de los postes de la calle en antaño. Esa luz me recuerda el rancio Otoño. El Otoño es la última estación del año. Podría pensarse que es el Invierno, pero esa no cuenta porque también es la primera del siguiente año. Cada vez que llega el Otoño me veo frente al espejo, y me veo más viejo –en realidad aun no lo soy- sin serlo. Siento que este round que dura un año ya está acabando, todo el cuerpo me duele y no he podido conectar un solo golpe a la vida.
La llegada del Otoño es como cuando cae la tarde-noche mientras voy manejando sobre la carretera en línea recta. En un lugar desconocido y con destino incierto. No tengo idea si mi camino es el bueno, es más, desconozco si mi velocidad es la correcta.
Miro a un lado y miro al otro. Nadie pasa junto a mi, y cuando pasan no se detienen, todos pasan y actúan como si los demás no existieran. Muchas veces me pregunto si yo hago lo mismo sin darme cuenta. Volteo mi vista a mi costado y más me duele que el lugar de copiloto esté vacio. Estiro mi brazo derecho y acaricio el asiento. Me siento incompleto, quizá que me falta algo y mi mano derecha insiste en encontrar ese algo en el asiento. Ella es fuerte, es necia, es como mi voluntad tozuda e inconsciente. Yo sé que no hay nada pero dejo que siga, no quiero destruir sus esperanzas porque también son las mías. A veces la ignoro y me apoyo en la otra mano, la que me mantiene en el camino.
No odio el Otoño. Lo quiero pero lo sufro el Otoño. Me duele, me frustra, me cansa. No sé por qué,… no se cómo.

Pórtense bien, espero de todo corazón que al menos ustedes disfruten del Otoño.
“¿Por qué?” es la gran pregunta, me gustaría saber la respuesta. En mi exploración encontré por fin algunas, mi mente es lega en estos asuntos y he tenido que recurrir a mis sentidos. No me gusta el Sol de Otoño porque no calienta. Es sólo una luz cobriza, que baña todo de nostalgia. De pronto veo por la ventana y me encuentro con un paisaje color sepia, como una foto el blanco y negro que se ha oxidado con el tiempo.
También confieso que viví en un pueblo que me trae muchos recuerdos. Muchos de ellos gratos y otros tan tristes como la luz amarilla, casi marrón de los postes de la calle en antaño. Esa luz me recuerda el rancio Otoño. El Otoño es la última estación del año. Podría pensarse que es el Invierno, pero esa no cuenta porque también es la primera del siguiente año. Cada vez que llega el Otoño me veo frente al espejo, y me veo más viejo –en realidad aun no lo soy- sin serlo. Siento que este round que dura un año ya está acabando, todo el cuerpo me duele y no he podido conectar un solo golpe a la vida.
La llegada del Otoño es como cuando cae la tarde-noche mientras voy manejando sobre la carretera en línea recta. En un lugar desconocido y con destino incierto. No tengo idea si mi camino es el bueno, es más, desconozco si mi velocidad es la correcta.
Miro a un lado y miro al otro. Nadie pasa junto a mi, y cuando pasan no se detienen, todos pasan y actúan como si los demás no existieran. Muchas veces me pregunto si yo hago lo mismo sin darme cuenta. Volteo mi vista a mi costado y más me duele que el lugar de copiloto esté vacio. Estiro mi brazo derecho y acaricio el asiento. Me siento incompleto, quizá que me falta algo y mi mano derecha insiste en encontrar ese algo en el asiento. Ella es fuerte, es necia, es como mi voluntad tozuda e inconsciente. Yo sé que no hay nada pero dejo que siga, no quiero destruir sus esperanzas porque también son las mías. A veces la ignoro y me apoyo en la otra mano, la que me mantiene en el camino.
No odio el Otoño. Lo quiero pero lo sufro el Otoño. Me duele, me frustra, me cansa. No sé por qué,… no se cómo.

Pórtense bien, espero de todo corazón que al menos ustedes disfruten del Otoño.
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viernes, 18 de septiembre de 2009
Tal vez pido un imposible

Después de habla así, Zaratustra recordó las palabras del ermitaño del bosque, suspiró y dijo a su corazón:
“Es preciso que se más astuto y más prudente en la profundidad de mi corazón, debo ser como mi serpiente. Tal vez pido un imposible; pero ruego a mi orgullo que se acompañe siempre de mi prudencia, y si algún día mi prudencia se echa a volar, que al menos pueda volar con mi locura".
Fue así cómo empezó el ocaso de Zaratrustra.
Tomado de: Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche (1883-1885)
Debo tomar mi vida más en serio. Aferrarme a ella como si realmente la amara y abrazarme a la muerte cada vez que entre en combate. Ya no puedo morir, estoy condenado a vivir, la inmortalidad no es precisamente algo maravilloso. O se tiene eternidad o se tiene vida, pero no existe la vida eterna.
Tuve que elegir para saberlo, ahora tengo que entenderlo.
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martes, 4 de agosto de 2009
Esos mails que nunca envié.
Hace poco, husmeando por ahí (a veces soy como los gatos) encontré un blog llamado Aquellos mails que nunca envié y me gustó mucho por dos razones Primero, porque es un oasis de poesía enmedio de esa basura de raggaetón, spanglish y demás vulgaridades que tanto odio de nuestra decadente latinoamérica. Segundo, porque de pronto me vi reflejado cuando leí:
"Cuantas palabras mueren en tus dientes. Cuantas frases truncadas, cuantos pensamientos cautivos en tus cuerdas ... Cuantos impulsos de escribir notas que al final, nunca enviaste a su destinatario. Por eso mi espacio, porque solo aqui, puedo plasmar a aquellos emails que nunca envié."
Yo tengo muchos mails que no he enviado. Tengo ideas muy simples, críticas, pensamientos, reclamos, denuncias, confesiones de amor, pensamientos pseudopoéticos (que quisiera fueran poesía), tristezas y demás diarreas mentales que no siempre eran bien recibidas cuando las envíaba de forma masiva (como las cadenas) a mis contactos del mail. El deseo de expresar todo eso ha sido una de las razones por las cuales he creado este blog.
Hace poco (también husmeando por ahí) me enteré que una chica de quien estoy enamorado, pronto se casará y tengo que admitir que ha dolido mucho saberlo. Sin embargo desde hace tiempo lucho por sacarla de mis pensamientos pues sé bien que tampoco puede haber algo serio entre nosotros. Tengo muchos mails que no le he enviado, tengo tantas cosas qué decirle y no lo he hecho. No es por cobardía (no niego mi cobardía en otros ámbitos) es prudencia.
Conozco a este tonto con suerte que ella ama. No soy un poeta, ni nada por el estilo. Tampoco transpiro poesía cuando me expreso, pero me comparo con él y puedo ver claramente que entre mis cosas buenas y mis diarreas mentales, ese pobre está estreñido del cerebro y se le nota más con su voz afeminada. Vaya resquemo el mío. (jajaja)
Ella está enamorada de él y quiero creer que él de ella. Contra eso no puedo hacer nada.Yo pronto partiré (no me estoy muriendo, eh!!!), ella era mi única ancla a este mundo. Sin ella soy más libre, pero ser Ronin nunca ha sido mi objetivo.
En fin, trataré que eso ya no me quite el sueño. Para no pensar más en eso seguiré con mi tarea de construirme un cielo en esta tierra después que Dios me ha negado la visa.
Pórtense bien para irse al cielo, Dios es peor que el cónsul EU cuando tiene tu expediente en sus manos.
Conozco a este tonto con suerte que ella ama. No soy un poeta, ni nada por el estilo. Tampoco transpiro poesía cuando me expreso, pero me comparo con él y puedo ver claramente que entre mis cosas buenas y mis diarreas mentales, ese pobre está estreñido del cerebro y se le nota más con su voz afeminada. Vaya resquemo el mío. (jajaja)
Ella está enamorada de él y quiero creer que él de ella. Contra eso no puedo hacer nada.Yo pronto partiré (no me estoy muriendo, eh!!!), ella era mi única ancla a este mundo. Sin ella soy más libre, pero ser Ronin nunca ha sido mi objetivo.
En fin, trataré que eso ya no me quite el sueño. Para no pensar más en eso seguiré con mi tarea de construirme un cielo en esta tierra después que Dios me ha negado la visa.
Pórtense bien para irse al cielo, Dios es peor que el cónsul EU cuando tiene tu expediente en sus manos.
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